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Una buena respiración es la calve para mejorar el estado ficico

Tener una apropiada respiración permite oxigenar de manera eficiente los músculos, el sistema cardiovascular y el cerebro. Por eso, este proceso se debe llevar a cabo de acuerdo con la intensidad de la actividad física.

Aunque es un acto cotidiano, realizado de manera automática e inconsciente, al hacer ejercicio es necesario tener un mayor control de la respiración y adaptarla al tipo de ejercicio realizado. La razón es que proporciona mejores resultados en la oxigenación de la sangre, el cerebro, los músculos y el control del ritmo cardíaco, lo cual mejora el rendimiento en los ejercicios de larga duración y baja intensidad.

La respiración cumple un doble propósito. En primer lugar, regula la resistencia del cuerpo y, en segundo lugar, al oxigenar el cerebro, permite mantenerse alerta en todo momento y desarrollar una estrategia. Por lo tanto, llevar a cabo este proceso adecuadamente proporciona a la persona la tranquilidad y el estado mental ideal para un rendimiento deportivo óptimo. Del mismo modo, una respiración acelerada hace que el organismo pierda fuerza rápidamente y tolere menos tiempo de actividad.

PROCESO VITAL DEL ORGANISMO Partiendo del hecho de que el oxígeno es esencial para el buen funcionamiento de las células y que la respiración no es un acto que se pueda controlar, es posible hacerlo de forma voluntaria en casos específicos.

Según Jorge Iván Palacio, deportólogo y director de React, al hacer ejercicio, la frecuencia respiratoria aumenta y el organismo demandará cada vez más oxígeno. Una vez que el oxígeno ingresa a la sangre, se adhiere a los glóbulos rojos y se transporta hacia donde se necesita. Además, durante la práctica de ejercicio, el oxígeno se transporta hasta los músculos.

Es importante diferenciar entre ejercicios aeróbicos, donde se utiliza el oxígeno, y ejercicios anaeróbicos, donde no se utiliza el oxígeno. Un ejercicio de alta intensidad y corta duración es anaeróbico, lo que significa que la energía se obtiene de sustratos que no requieren oxígeno, como el azúcar a través de la vía anaeróbica.

“Un ejercicio aeróbico de duración moderada o prolongada requerirá una mayor cantidad de oxígeno y, por lo tanto, una mayor frecuencia respiratoria. Ejercicios como correr, andar en bicicleta o nadar más de dos kilómetros requerirán un ritmo constante de respiración, inhalando por la nariz para que el aire ingrese filtrado por las fosas nasales y se caliente gradualmente, y exhalando por la boca”, afirma Luis Carlos Buitrago, magíster en intervención integral del deportista.